La demanda política: Grupos organizados vrs. desorganizados

Alcanzar puestos de poder en una democracia demanda de convencer a dos auditorios distintos.  Uno son los ciudadanos des organizados, es decir, el voto popular, y otro los ciudadanos organizados, es decir, el voto de los buscadores de rentas.   Un equilibrio entre ambos es sanos.  El lenguaje de “public choice” habla de que la demanda política se compone de los votantes y los grupos organizados; los cuales pueden ser grupos de interés, de presión, buscadores de rentas.  Típicamente son cámaras empresariales, sindicatos, grupos religiosos, organizaciones de mujeres, de profesionales, etc.

Un  lado de la demanda política son los ciudadanos des organizados, los cuales requieren de un esfuerzo muy grande de comunicación y organización para conquistar su voto,  el cual incluye; tiempo para llegar a visitarlos a cada barrio, colonia, aldea y caserío y recursos materiales para invertir en publicidad en medios masivos.   La campaña de boca en boca, o plan hormiga como se le conoce en el lenguaje político, demanda mucho tiempo y pocos recursos, y comúnmente no es suficiente para ganar una elección.  La comunicación masiva o publicidad, no permite compartir ideas profundas y completas, pero llega a un alto porcentaje de votantes, es costosa pero muchas veces necesaria para ganar una elección.

El trabajo de un político es conocer,  identificar y potencializar a los líderes de cada región, y así formar equipo para ejecutar futuros proyectos. Estos mismos líderes se convertirán en promotores para las contiendas electorales,  multiplicando el mensaje principal del líder del movimiento.   Se podría pensar en un efecto multiplicador en la transmisión del mensaje, reduciendo significativamente los costos de anunciarte en medios masivos, siempre que se aumente el tiempo que el líder le dedica a sus simpatizantes. Este grupo de personas puede ser el resultado de: años de trabajo de un líder o grupo de lideres, puede ser usar las bases de un partido político o compararlos.  De nuevo este trabajo de buscar activistas se puede hacer sobre la mesa convenciéndolos o debajo de la mesa negociando prebendas.

La otra parte de la demanda política son los ciudadanos organizados, que muchas veces ven en la política un acceso a leyes que les favorecen o les permita acceso al presupuesto.  En ambos casos buscan beneficiarse de forma legal (aunque muchas veces no legítima), como los sindicatos  de los distintos ministerios, los proveedores del estado, los constructores,  las gremiales, etc.

La estrategia para ganar los votos de estos dos segmentos del mercado son completamente distintas.   Manuel Alcántara divide estas dos estrategias y las llama así:  política sobre la mesa para alcanzar a los votantes desorganizados y política debajo de la mesa para llegar los organizados.   Los desorganizados busca votar por quien les caiga mejor, por quien les ofrezca mejores soluciones a sus problemas, con quien siente que comprende sus problemas, etc.  Los políticos para ganarse estos votos deben dar la cara, ir a debates, presentar propuestas, y sobre todo hacerlas creíbles.

Los votos de los organizados se ganan con propuestas que no pueden ser públicas, pues muchas veces restarían votos de los desorganizados.  Estos votos se buscan en reuniones a puertas cerradas, con ofertas que muchas veces encierran nuevos privilegios o promesas de mantener antiguas prebendas.  Una democracia o un sistema político electoral, donde las elecciones se ganen buscando votos de grupos organizados sobre el voto desorganizado, creo que es una democracia enferma.

Los estrategas de campañas políticas, hablan de ganar las elecciones incluso antes de que los ciudadanos acudan a votar.   Algunos ejemplos son, agenciándote de mas financiamiento, debilitando a tus rivales,  prohibiendo que tus contendientes se inscriban, intimidándolos, etc.  Es decir, consiguiendo más apoyo de votantes debajo de la mesa.

Alcanzar el poder en democracia, demanda conocer y convencer a los dos grupos de votantes, mejorar la democracia demanda castigar los arreglos debajo de la mesa , y este castigo se logra cuando los ciudadanos entienda poco a poco el sistema y en otro frente mejorar nuestro sistema de reglas.

Cristian Álvarez

Director

Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas / CADEP

Universidad Francisco Marroquín

El gobiernos nos vende espejitos

El gobierno luego de ofrecer carreteras, brindarnos seguridad y justicia,  debe empezar a vender espejitos a las masas, pues hablan de educación y salud gratuita, cuando debe cobrar por ellas, e incluso los beneficiados terminan pagando un costo oculto mucho más alto. Pues los atienden muy mal y en la escuela sus hijos aprenden muy poco.

Nos venden que los programas sociales  serán la respuesta a la pobreza extrema.  Con una mano dan los bonos y con la otra nos quitan impuestos y oportunidades de mejoras reales.  Pero no solo nos sacan dinero, sino que nos roban la libertad de cambiar y de pensar, pues esas ofertas van amarradas de una nueva esclavitud, nos convierten en esclavos de los políticos de turno, si no eres del partido oficial no hay prebendas.

Nos venden la ilusión de abolir la pobreza y poner fin a las desigualdades, y ante sus eminentes fracasos, buscan responsables, como los poderes oscuros, la corrupción, la avaricia de los otros.  Los políticos inician los problemas y se venden como la solución.

La solución es no iniciar mas proyectos.  Mejora los que tienes y no molestes.

 Cristian Álvarez

Director del Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas – CADEP-

 

Coloquio Sobre la Libertad en Chimaltenango

El día 30 de enero se llevó a cabo un Coloquio de la Libertad en Tecpan, Chimaltenango. Fue impartido por el ex rector de la Universidad Francisco Marroquín, el Licenciado Fernando Monterroso. Asistieron al mismo 37 personas, la mayoría provenientes de San Juan Comalapa. Se contó con la asistencia de cuatro agentes de la PNC, lideres de grupos de jóvenes, maestros, empresarios y mujeres líderes de sus comunidades. A las 8 de la mañana se dio inicio a la conversación, orientada al libro de “La Ley” de Frédéric Bastiat. En la misma se hablo acerca de los aranceles proteccionistas, los subsidios, el empleo, la educación pública, los créditos y la asistencia social. Fue muy interesante conocer que en la comunidad de San Juan Comalapa, se está implementando el sistema educativo de Home School, el cual se realiza en línea, y los estudiantes acuden en ocasiones a alguna institución para realizar exámenes académicos. Esto para que sea oficial y acorde a los requisitos que el Ministerio de Educación solicita.

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La conversación continuó abarcando temas relacionados con los monopolios y la justicia. También se habló acerca de los requisitos que se tienen que cumplir para formalizar un negocio, y algunos de los invitados contaron su experiencia en cuanto a esto. Luego de la hora de almuerzo, la discusión socrática se enfocó en el libro de “Un juego que no suma cero” de Manuel F. Ayau. Se dijo que era un libro que en palabras muy concisas, lograba explicar claramente la creación de riquezas en una sociedad libre, y que tan factible era esto en Guatemala. Se habló de los beneficios que brinda la libertad de intercambio, de la propiedad  privada y el derecho.

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Al final de la actividad, el Licenciado Monterroso pidió que se hicieran grupos en los que se platicara lo discutido y que encontraran diversas propuestas para el desarrollo de una Guatemala mas libre.  Fue muy interesante escuchar las propuestas que cada grupo tuvo. La mayoría se enfocó en defender la libertad y continuar en el camino al que ésta nos lleva. También se habló de seguir promoviendo la educación, desde el hogar hasta el nivel académico. Al cierre, un representante de un grupo de jóvenes activos de San Juan Comalapa dio las palabras de agradecimiento para el Licenciado Monterroso, así como para CADEP por realizar la actividad. Pidieron recomendaciones acerca de más lecturas que promovieran la Libertad y mostraron interés en continuar realizando actividades de ésta índole.

Ana Cristina Monzón Rubio

Estudiante

Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales – EPRI

EL MITO DE LOS DERECHOS ADQUIRIDOS

Hace unos días salió a luz como algunos trabajadores que gozan de privilegios legales, (bajo la figura de organización sindical) simplemente no trabajan usando la figura “licencia sindical”.  http://www.prensalibre.com/noticias/Nacionales-sindicalistas-tienen-licencia-para-no-trabajar-salubristas_0_1280871901.html 

Muchas de las cosas que pueden  generan futuras ineficiencias en las negociaciones sindicatos/empleadores no lograran ser enmendadas porque existe la creencia que hay “derechos adquiridos” los cuales son “irrenunciables”, esto significa que los excesos, errores y muchos pactos corruptos no pueden ser corregidos. 

A continuación les comparto una excelente columna de Luis Pazos, quien nos explica el costo que representa creer en “derechos adquiridos” para el progreso. También adjunto un pacto colectivo dentro del Ministerio de Economía de 2011 para que vean los excesos del mismo y como respetar los derechos adquiridos estamos condenados a una burocracia ineficiente.

EL MITO DE LOS DERECHOS ADQUIRIDOS

Luis Pazos

Conceptos utilizados para justificar la invasión de terrenos y después considerarse dueños o para mantener vigentes privilegios laborales, son los de derechos adquiridos y conquistas laborales. Esos conceptos míticos han causado el atraso del campo y la insolvencia de muchas dependencias y organismos estatales para enfrentar sus pasivos laborales, liquidaciones y pensiones. Para cubrir esos pasivos se echa mano de impuestos que se transmiten a esas dependencias sin ningún beneficio para la sociedad. Los beneficiados de prestaciones excesivas son grupos organizados en sindicatos que representan menos del 5% del total de la población trabajadora.

No puede haber derechos adquiridos donde solo hay fuerza y abuso. Si aceptamos que el solo pasar del tiempo nos lleva a adquirir derechos, entonces las extorsiones del crimen organizado a empresarios ya son derechos adquiridos. Las negociaciones obscuras entre políticos y líderes sindicales, que han intercambiado por años apoyo en elecciones a cambio de permitir que invadan predios o reciban privilegios de las empresas estatales, no originan ningún derecho.

Si no hay derecho a usufructuar terrenos invadidos y a recibir de por vida pensiones, jubilaciones y prestaciones abusivas, no hay derecho a que continúen esos abusos que le cuestan a todos los mexicanos. La justicia es darle a cada quien lo suyo. Y ni moral ni ética ni legalmente son justos y legales, los inviables y abusivos derechos adquiridos y conquistas laborales, engendradas por mafias sindicales y funcionarios corruptos. Los resultados de mantener vigente los derechos adquiridos y las conquistas laborales son la principal causa de la quiebra contable de Pemex, CFE, IMSS y el sistema estatal educativo.

Una de las principales causas de la quiebra de Argentina es un corporativismo fascista, como el mexicano, que creó falsos derechos adquiridos y perpetuó insostenibles conquistas laborales, que frenaron el progreso en ese país, que por sus recursos naturales y humanos debería ser de los más ricos del mundo. Ojalá en México no lleguemos, debido a esos mitos que encubren corrupción, abusos, componendas entre partidos y mafias sindicales, al mismo nivel de desequilibrios económicos que actualmente sufren los argentinos.

Marxistas violentos, atrás de matanza de los 43

Los invitamos a leer el siguiente artículo, donde Luis Pazos llama la atención a una parte escondida o no muy publicitada de la tragedia de los 43 jóvenes en México.  Siempre hay personas con doble moral, y quienes comunmente lideran esta doble moral son, regularmente, los defensores de las ideas marxistas.

Marxistas violentos, atrás de matanza de los 43

Minorías de fundamentalistas islamitas, que matan a quienes no comparten sus creencias, tienen en jaque a millones de islamitas pacíficos, que no están dispuestos a matar en nombre de su Dios. Algo parecido pasa con minorías de fundamentalistas marxistas que tienen en jaque a millones de mexicanos. El ya superado marxismo-leninismo, que fluctúa entre ideología y religión, formó fanáticos que durante gran parte del siglo pasado institucionalizaron y utilizaron la violencia como un medio para llegar al poder.

Por ningún motivo justificamos la matanza de estudiantes en la normal de Ayotzinapa, pero es hipócrita no investigar y ni denunciar todas las causas de esa matanza. Se averigua la alianza de las autoridades municipales del partido de izquierda, PRD, de Iguala con el crimen organizado, pero se pasa por alto la tolerancia, impunidad y dinero de los impuestos, que durante muchos años el gobierno estatal de Guerrero y el federal, les han brindado a un centro de subversión, que funciona teóricamente como Normal para maestros, donde adoctrinan a jóvenes humildes y bien intencionados. Los convierten en violentos fanáticos del marxismo-leninismo, con fines políticos, ajenos al objetivo teórico de esa institución.

Quedan todavía en el aire las preguntas ¿por qué los maestros marxistas de esa institución enviaron a jóvenes, en su mayoría de nuevo ingreso, a un enfrentamiento con las narco autoridades perredistas de Iguala? ¿Estaban ligados con otro cártel del crimen organizado?, ¿pusieron en práctica la vieja estrategia de crear víctimas para dar vida a su movimiento?

El Presidente Peña Nieto se comprometió a restablecer un estado de derecho y a terminar con la impunidad. La promesa para que sea válida debe aplicarse también a los grupos de radicales que se apoderaron de esa Normal, que manipulan y victimizan a jóvenes humildes que se inscriben en esa escuela con la ilusión de convertirse en profesores y solo les enseñan una ideología-religión, obsoleta, que los convierte en extremistas dispuestos a obedecer ciegamente las ordenes de sus jefes y a participar sin cuestionarse en actos violentos, cuyos verdaderos motivos y fines desconocen.

Luis Pazos

Obsesión electoral del PRI ¿hunde economía?

Por Luis Pazos

En una conferencia, el sexenio pasado, señalé que el PRI no ayudaría a realizar las reformas estructurales hasta que regresara al poder. Uno de los asistentes respondió que esa afirmación era aventurada, pues no creía que el PRI tomara una posición tan clara en perjuicio de la economía.

El PRI hasta que regresó al poder empezó a instrumentar las reformas estructurales y mal, como es el caso de la fiscal y la laboral. Los gobernadores priístas, que debido al dinero que subrepticiamente aportaron a la campaña fueron definitivos en el triunfo de su candidato en las elecciones presidenciales, le dijeron al Presidente Peña Nieto que si no hay más dinero en las arcas de sus estados en el 2015, no podrán garantizar la mayoría en el Congreso. Y si no tenemos mayoría –dicen los líderes priistas- habrá una parálisis legislativa para los proyectos del Presidente en sus últimos años de gobierno.

La opción más sensata era bajar gastos e instrumentar un presupuesto austero ante la caída del precio del petróleo, pero la obsesión por ganar el control del Congreso en 2015 fue el factor definitivo que llevó al gobierno priísta a aumentar impuestos, déficit y deuda pública para tener las arcas llenas en un año electoral, a costa de un menor crecimiento y una reducción de ingresos reales para la mayoría de los mexicanos.

En el libro Políticas Económicas, demuestro, apoyado en argumentos sólidos, datos y citas de tesis de Premios Nobel, que la política económica escogida por el actual gobierno, de gastar más sin tener ingresos sanos, es un obstáculo para lograr crecimientos duraderos que beneficien a la mayoría de los mexicanos. Pero no adoptaron esa política económica por ignorancia de quienes manejan las finanzas públicas en México, sino porque el partido en el poder, al que pertenece el Presidente, necesita más dinero para ganar las elecciones en 2015.

Después la excusa del mayor gasto público será preparar el terreno para triunfar en las próximas elecciones presidenciales. La obsesión por mantener el poder de los priístas es la guía de sus políticas económicas de constante aumento del gasto público, hasta que pierdan el control completo de la economía y lleguen al colapso, como pasó en los años 80.

Pizza Party ¿Es necesaria la Banca Central?

En esta oportunidad CADEP invitó a Daniel Fernández, Director del Observatorio de Coyuntura Económica de Facultad Ciencias Económicas y profesor de dicha facultad, actualmente se encuentra cursando un doctorado en Economía Aplicada. Para Daniel, hablar de la Banca Central es un tema que lo apasiona y fue una buena oportunidad para compartir con alumnos que no están acostumbrados a discutir temas económicos.

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La pizza party se llevó a cabo el cuatro de novimenbre en la UFM. Los estudiantes de Ciencias Políticas tenemos cierta base de economía austriaca y este tema no era muy ajeno a nuestras discusiones. Pero esta vez la audiencia tuvo un giro inesperado con invitados de otras universidades como de la UVG de Ingeniería Industrial y de la URL de economía. Al inicio, encontrándose fuera de su zona de confort, no hubo muchos comentarios más allá de unos incitados por el conferencista, pero luego de media hora, la discusión empezó a activarse con preguntas de los estudiantes de la UVG, la URL y de estudiantes del EPRI.

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Fue interesante ver este giro en los estudiantes que no suelen analizar  estos temas en sus clases. Despertó la atención en ellos nuevos inventos que no conocían como las criptomonedas, un ejemplo de ellas el  Bitcoin. Incluso, sorprendio a algunos el cuestionar la necesidad de la una Banca Central que tenga el monopolio de la emisión de moneda ya que es algo que por mucho tiempo se nos ha enseñado que así es, o está bien que funcione del modo en el que lo hace. Considero que hemos alcanzado un punto de madurez académica en el que se nos hace posible el cuestionamiento de paradigmas y para esas inquietudes sirven este tipo de espacios que con un pedazo de pizza despiertan muy buenas.

Annelisse Escobar

Estudiante

Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales

Universidad Francisco Marroquín

El Gobierno es complemento en la vida de las personas, no el actor principal

El gobierno debe ser complemento para la vida en sociedad y nunca un sustituto para las actividades que pacíficamente los ciudadanos quieren realizar.

Los desamparados demandan cuidados, y si los políticos deciden hacerse cargo de ellos,  usando el presupuesto nacional, pues esta bien, lo que no esta bien es que prohíban a los ciudadanos cuidar desamparados.

Es un complemento para los ciudadanos que hayan buenas escuelas públicas, pero no ayuda que el Ministerio se meta a controlar colegios privados.   Los hospitales son importantes, pero prohibir a los empleados y empleadores que contraten hospitales privados en lugar del IGSS va en contra de una sana convivencia, pues nos obliga a aceptar algo que probablemente no queremos.

Los políticos lograrán mejorar la vida en sociedad siempre que no se agencien de privilegios y monopolios, y busquen ser un complemento en la vida de las personas, no el actor principal.

Los párrafos anteriores se me ocurrieron luego de leer el  tópico de actualidad del 14 Diciembre 1972 No. 284 escrito por Manual Ayau, acá lo puedes leerhttp://www.biblioteca.cees.org.gt/topicos/web/topic-284.html

En resumen nos cuenta Manuel Ayau; los políticos y burócratas no confían en sus proyectos, pues cuando deciden prestar un servicio para, según ellos, garantizar calidad y buenos precios, y así evitar el abuso de los comerciantes y productores, inmediatamente buscan hacer una ley que le permita ser solo ellos los que ofrecen el producto.  Si un productor logra producir un bien de mejor calidad y a mejor precios, no se puede porque ya lo prohibieron.  Parecer ser que el gobierno nos defiende de los malos y de los buenos también.

Coloquio Sobre la Libertad en Huehuetenango

El día sábado 25 de octubre, se llevó a cabo el Coloquio sobre la Libertad en Huehuetenango, en el Hotel Premier de dicho departamento. El coloquio fue impartido por el Licenciado Fernando Monterroso, exrector de la Universidad Francisco Marroquín.  Asistieron alrededor de 35 personas, dentro de las cuales estaba cuatro agentes de la Policía Nacional Civil activos de la capital que salieron a la una de la mañana de la cuidad para poder estar a tiempo en la actividad. También asistieron catedráticos universitarios, maestros de secundaria y diversificado. Asimismo,  la actividad contó con la participación de algunos alumnos de universidades locales.

Previamente, a los participantes se les envió tres lecturas: La Ley de Bastiat, Un Juego que No suma Cero, de Manuel F. Ayau y un Ensayo de Hayek, para que todos estuvieran preparados, y para que pudieran participar y entender más ampliamente los temas que se iban a discutir.

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La actividad inició con mucho entusiasmo de parte del Licenciado Monterroso, donde comenzó hablando sobre distintos temas de la libertad, unos participantes se mostraron muy  activos al opinar y poco a poco otros participantes se fueron desenvolviendo terminando con un salón lleno de ideas y pensamientos que valieron la pena oír. Muchos de ellos conforme se dio la conversación,  descubrieron significados que antes no conocían y estaban muy a gusto.

Les gustó mucho la forma en la que el Licenciado Monterroso los mantuvo entretenidos en toda la actividad, e hicieron varias preguntas sobre cómo lo hizo.  El Exrector explicó las diferencias del método magistral y el método socrático,  lo cual les interesó mucho, y varios de ellos manifestaron que iban a implementar esta forma de dar clases con sus alumnos.

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Fue un coloquio muy interesante, lleno de personas interesadas en aprender y dar su punto de vista. Las ideas de la libertad fue lo que le dio vida a la discusión junto con la hospitalidad de la gente de Huehuetenango. Al terminar el Coloquio, los asistentes dieron unas  palabras de despedida, dieron gracias a CADEP y al Licenciado por su misión de esparcir las ideas de Libertad y su alcance a Huehuetenango. De igual manera se mostraron interesados en seguir asistiendo a las actividades que CADEP tiene por delante.

Ana Cristina Monzón

Estudiante

Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales – EPRI

¿Tienen las personas acaudaladas la obligación de devolver algo a la sociedad?

En Norteamérica hay mucha culpabilidad infundada, dentro de una sociedad que ha alimentado, vestido, alojado, cuidado, informado, entretenido y enriquecido de muchas formas enriquecido a otros, más que en ningún otro lugar del mundo.

Las manifestaciones de tal sentido de culpabilidad abundan. El ejemplo que más me irrita es el de aquellos filántropos bienintencionados que adornan su caridad con esta frase: “Quiero regresar algo”. Suena como si estuvieran pidiendo disculpas por haber tenido éxito.

Traducida dicha frase, significa algo como esto: “He acumulado cierta riqueza a lo largo de los años. Olvídense de cómo lo logré; simplemente me siento culpable por haberlo hecho. Hay algo de malo en que yo tenga más que otros, pero no me pregunten por qué está mal. Es una vaga e incómoda sensación de inquietud en mí. Como tengo algo, me siento obligado a tener menos. Me hace sentir bien regalar lo que tengo, porque hacerlo me exonera del pecado de tener. Ahora soy un tipo bueno. ¿O no?”.

Fue evidente para mí lo profundamente arraigado que está esa forma de pensar, cuando hace un par de años visité la tumba de John D. Rockefeller, en el cementerio de Lakeview, Cleveland. Las palabras grabadas en una placa conmemorativa de aquel notable empresario daban a entender que haber donado gran parte de su fortuna era tan digno como haber creado esa gran empresa internacional, Standard Oil, que, para comenzar, fue la que produjo esa gran fortuna. Los libros de historia en los que la mayoría de los niños aprenden hoy en día van un paso más allá. Critican rutinariamente a gente como Rockefeller por la riqueza que crean y por el afán de lucro o interés personal que jugó un papel importante en la creación de dicha riqueza, y luego los alaban por deshacerse del dinero.

Más de una vez, los filántropos que han contribuido a mi organización suelen explicarme que buscaban “regresar algo”. Querían decir que, al darnos a nosotros, estaban pagando parte de lo que le deben a la sociedad. Resulta que, con pocas excepciones, estos filántropos realmente no habían hecho nada malo.

Sin lugar a dudas, hicieron mucho en sus vidas, pero no robaron. Asumieron riesgos que no estaban obligados a asumir. Invirtieron fondos propios, o prestados, y los devolvieron con intereses. Crearon empleos, pagaron salarios de mercado a los trabajadores y, por lo tanto, generaron un medio de subsistencia para miles de familias. Inventaron cosas que no existían antes; algunos de estos inventos salvaron vidas y nos hicieron más saludables. Fabricaron productos y proveyeron servicios, por los cuales pidieron y recibieron precios de mercado.

Tuvieron clientes entusiastas y ansiosos, que volvieron una y otra vez; accionistas a quienes tenían que ofrecer retornos favorables. También tuvieron competidores, lo que los obligaba a permanecer en la cima o perdían terreno frente a ellos. No hicieron uso de la fuerza para llegar a donde llegaron; se apoyaron en el intercambio libre y voluntario. Pagaron la totalidad de sus cuentas y deudas. Y cada año donaron parte de sus beneficios a distintas obras de caridad de la comunidad, que ninguna ley les exigió apoyar. Ni uno solo de ellos, que yo sepa, estuvo preso por nada.

Así que ¿cómo es que cualquiera puede dar tanto y aún sentirse culpable? Sospecho que, si realmente fuesen culpables de algo, sería de dejarse intimidar por los perdedores y envidiosos del mundo, por las personas que están en el negocio de “redistribuir”, ya sea porque no saben cómo crear algo, o porque simplemente eligen el camino más fácil. Ellos solo toman lo que quieren o contratan políticos para que lo tomen por ellos.

Igual que algunos miembros del clero, que piensan que la riqueza no se hace, sino simplemente “se recoge”, los redistribuidores ponen un velo de culpabilidad en la gente hasta que “vomitan” su lucro, a pesar del décimo mandamiento en contra de la codicia. Ciertamente, las personas de fe tienen la obligación de apoyar a su iglesia, mezquita o sinagoga, pero esa es otra cuestión, ajena a este asunto.

Una persona que incumple un contrato debe algo, pero se lo debe específicamente a su contraparte. Al robar la propiedad de otra persona, se le debe a la persona a quien se le ha robado, no a la sociedad. Estas obligaciones son reales y derivan de un acuerdo voluntario, en el primer caso, o de un acto inmoral de robo, en el segundo. Esto de tener que “devolver algo”, simplemente porque te lo has ganado, equivale a la fabricación de obligaciones místicas inexistentes. Le da vuelta a todo el concepto de lo que correctamente hemos considerado “deuda”. “Devolver algo” significa, en primer lugar, que no era de quien lo devuelve, pero la creación de riqueza a través de la iniciativa privada y el intercambio voluntario no implican la expropiación de la propiedad que legítimamente le pertenece a alguien.

¿Cómo puede ser posible de otra manera? ¿De acuerdo con qué medida racional, una persona de éxito en un mercado libre, que ha cumplido con todas sus deudas y obligaciones en el sentido tradicional, debe algo más allá a una entidad nebulosa llamada “sociedad”? Si el emprendedor X gana mil millones de dólares y el emprendedor Y gana dos mil millones, ¿tendría sentido decir que Y debe “devolver” el doble que X? Y si es así, ¿quién debe decidir a quién se lo debe? Es evidente que la noción de “devolver algo”, solo porque uno tiene, está construido sobre una arena intelectual movediza.

Las personas exitosas que crean riqueza a través del intercambio libre y pacífico pueden optar por donar parte de ella, pero serían no menos morales y estarían no menos libres de deudas si no donaran nada. Al sugerir que la caridad es equivalente al pago de una deuda, o que debería estar motivado por algún grado de culpabilidad o de autoflagelación, se abarata el poderoso impulso de ser caritativo.

Una lista parcial de aquellos que sinceramente tienen la obligación de dar algo a cambio incluiría. ladrones de bancos, estafadores, morosos y políticos que “aceptan mordidas”. Ellos tienen una buena razón para sentirse culpables, porque lo son.

Pero si usted es ejemplo de una sociedad libre y empresarial, alguien que ha ganado y conservado lo que tiene y no ha hecho nada para dañar la vida, la propiedad o los derechos de otros, estamos hablando de una clase de gente distinta. Cuando uno da, debe hacerlo por la satisfacción personal que se deriva de apoyar una buena causa, no porque sea necesario para tranquilizar una conciencia culpable.

Lawrence W. Reed

Presidente

Fundación para la Educación Económica

Traducción realizada por

Annelisse Escobar, Estudiante de EPRI

Lic. Cristian Álvarez, Director de CADEP

Departamento de Desarrollo

Universidad Francisco Marroquín