Algunos grupos han logrado, para bien o para mal, reactivar casos de violaciones a los derechos humanos durante el llamado “conflicto armando interno”. Lo que quiero resaltar son las características de dicho conflicto, que dejo a muchos ciudadanos en medio de una guerra que tal vez no entendían, no compartían, o simplemente no era de su interés.
Las desventajas monetarias de los grupos insurgentes los hizo, como en muchos otros países, pelear una guerra de guerrillas, cuya característica principal era no ser un ejército regular que da la cara, sino mas bien, esconderse entra la población y así poder desde la clandestinidad operar y dar golpes militares al gobierno.
Por otro lado, el ejército empieza una labor contrainsurgente, que consistió en identificar a los líderes guerrillero y a quienes les ayudan. Para esta labor de inteligencia, usaron a los civiles en distintas formas; como comisionados, expac, etc, que en términos sencillos eran soplones. Lo importante de resaltar es que para el ejército fueron sospechosos todas las personas y todos los lugares que tuvieron comunicación con los líderes guerrilleros, siendo la fuente de información muchas veces no más que rumores. Esta forma de operar llevó a que el ejército cometiera muchos errores, atacando a civiles inocentes, pero la guerrilla también debía defenderse de los soplones, así que todo aquel que fuese visto cerca de los militares era un peligro para los guerrilleros, así que éstos también procedieron a atacar civiles inocentes.
Dentro del esta guerra sin cuartel, jugaron un rol especial los rumores, los chismosos y fueron muy importantes los desertores, pues dieron información estratégica a cualquiera de los dos bandos. El resultado de este tipo de guerra es secuestrar y torturar para obtener información. Y el actuar en base a información, muchas veces procedente de torturas o amenazas, llevó a muchos excesos de parte de ambos bandos, siendo civiles inocentes los que les ha tocado pagar con su vida o la de sus seres queridos. Una guerra que sin duda dejo dolor, pobreza y mucho resentimiento en nuestra sociedad.
Ahora veamos que la lucha contra el narcotráfico tiene los mismos matices, los narcos se esconden entre las ciudades y en grandes fincas, utilizan a los civiles como escudo y buscan que estén de su lado. Por otro lado, el gobierno para capturarlos necesita infiltrar las estructuras de los carteles, y esto se hace usando informantes, que algunas veces son miembros de las fuerzas de seguridad y otras veces informantes civiles. De nuevo tiene mucho valor los desertores, pues la información de cómo operan ambos bandos es vital, tanto para capturar narcotraficantes, como para evadir los controles policiales y llevar la droga a su destino. En esta guerra son sospechosos las personas que aparecen cerca de los distribuidores de drogas, y los lugares que estos frecuentan. Y para los narcotraficantes son sospechosos los civiles que hablan con las autoridades. Y otra vez, por utilizar información confusa e incompleta, pagan los costos muchos inocentes. (Por ejemplo la ley de extinción de dominio, declarar estado de sitio, masacres en bares y discotecas, etc.)
Después de 15 años de haber firmado la paz, aun hay costos y heridas muy grandes de la guerra interna. Pero dentro de los muchos errores de este conflicto, debemos aprender que es importante que el Estado respete los derechos humanos, y que los cuerpos de seguridad no actúen al margen de la Ley.
Una lucha efectiva contra el narcotráfico lleva implícito violaciones a los derechos humanos, poniendo en riesgo la vida de terceros inocentes y lo más preocupante, le estamos abriendo la puerta al gobierno para que organice cuerpos de seguridad por encima de la Ley. Esta guerra nos puede llevar a revivir los errores del pasado, una razón más para evitarla.











