Bancas Centrales I

(Prensa Libre, 22 de mayo del 2005)

¿Será cierto que Dios creó las bancas centrales en el octavo día? Como las generaciones presentes nacieron en un mundo con banca central, no imaginan  cómo durante milenios, hasta el siglo pasado, pudo funcionar este sin banca central.

Difícilmente encontraremos en la historia del mundo un período de crecimiento sostenido como el transcurrido entre 1864 y 1914. Una época de prosperidad global sin bancas centrales. Hasta 1913 hubo muy pocos bancos centrales., pero hacia finales del siglo ya casi todos los países se habían puesto a la moda.

El siglo XX, de bancas centrales, trajo la gran depresión y crónicas inflaciones galopantes, como la de Alemania y las famosas de América Latina, con las consiguientes crisis de divisas. Antes de las bancas centrales, esas cosas simplemente no ocurrían en ese grado y con esa frecuencia, excepto en tiempo de guerra, porque entonces los Gobiernos manipulaban la moneda para obtener recursos en forma engañosa, en lugar de acudir a francos impuestos

Ese engaño opera así: el Gobierno emite moneda para cubrir sus gastos. Ese nuevo dinero en manos gubernamentales termina por empujar todos los precios hacia arriba, siendo la causa de que el pueblo pierda el poder adquisitivo equivalente a lo que efectivamente hubiera transferido, en forma de impuestos, al Gobierno. Dicen que dijo el economista Keyens: ”Ni una persona en un millón se da cuenta del truco”.

Esa deshonesta práctica que causó pobreza generalizada en continentes enteros no pudo haber ocurrido sin bancas centrales. Lo he confirmado en una encuesta privada y personal que continuamente llevo a cabo, preguntando a ex presidentes de esas organizaciones: ¿Podrían haber ocurrido tales desgracias continentales de no haber existido las bancas centrales entonces? La respuesta ponderada es, invariablemente, no.

A pesar de esa triste historia, quienes se ocupan de la banca central creen que sin ellos el mundo sería un caos; se creen indispensables. Eso se debe a que durante el siglo XX la enseñanza de la economía simplemente presupuso la existencia de la banca central. En consecuencia, a los profesionales del ramo nunca se les enseñó cómo opera un país sin ella.

¿Se enseña acaso que el dinero, la banca, las cámaras de compensación, el crédito, el interés, las cartas de crédito, las tarjetas de crédito y todos los instrumentos bancarios surgieron espontáneamente como fenómenos de mercado? ¿Sabrán que en los Estados Unidos los tres intentos de crear banca central estatal no tuvieron éxito sino hasta 1913, cuando se creó el Banco de la Reserva Federal (FED), como una empresa privada perteneciente a los bancos miembros del sistema? A los pocos años, causó el gran boom de los años veinte y la consiguiente gran depresión de los treinta. Durante el Gobierno de Hoover, a través de la FED se aumentó el medio circulante en 30%, en apenas tres años. No obstante ese y otros fracasos de la FED, y siguiendo la costumbre de copiar todo lo que se hace en los Estados Unidos por todas partes surgieron, en el continente y en el resto del mundo, las bancas centrales.

Hoy, como comentó Jorge Jacobs en su artículo del 12 de mayo en Prensa libre, las bancas centrales siguen innecesariamente empobreciendo a los pueblos, que con ingenuidad las consideran vacas sagradas. Como en lo personal no creo en teorías conspirativas, no me queda otra opción que considerar a las bancas centrales como producto de la falta de rigurosidad intelectual de la academia. ¿A quién pertenecen? ¿Qué son las reservas monetarias y para qué sirven? ‘¿Tiene la banca central derecho de obligarnos a garantizar los depósitos de otros y a cubrir las pérdidas de bancos privados? ¿Es la creación de dinero un impuesto escondido?

No se pierda el próximo episodio la semana entrante

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

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