Los Aranceles, el contrabando y el caso del Pollo

Los Estados se han atribuido el derecho de cobrar por el ingreso o egreso de bienes y servicios producidos dentro o fuera de sus fronteras, y para eso han estableciendo tarifas, aranceles, requisitos fitosanitarios, etc. los cuales permiten regular el comercio internacional según distintos fines. Esta intervención de los Estados ha sido fuente de constantes abusos lo que ha llevado a entorpecer el crecimiento económico y buscar nuevas reglas para el comercio internacional. Los Tratados de Libre Comercio ofrecen una salida parcial para estos abusos y beneficia especialmente al consumidor; pues este último obtiene los beneficios de una mayor cantidad de productos a menores precios en el mercado nacional. Pero el tema central de la discusión es <<los aranceles>>, ¿son buenos? ¿son malos?

Para conocer la respuesta a las interrogantes tomemos como ejemplo el caso del pollo en Guatemala. Pues bien, el pollo ha sido motivo de discordia entre productores e importadores, ya que la importación del mismo al país cuenta con una tarifa arancelaria del 12.5% con tendencia a la baja, según lo negociado en el TLC con Estados Unidos y Canadá. La existencia de este arancel uno pensaría que los beneficiados son los productores nacionales, representados en la Asociación Nacional de Avicultores (ANAVI) mientras los importadores sufren las consecuencias pues el arancel aumenta sus costos, lo que los obliga a subir precios, bajar calidad o bien despidos. Por supuesto uno de los afectados es el consumidor que tendrá que consumir un producto más caro.  No obstante, ante las medidas impositivas del gobierno y su incapacidad de hacer cumplir la ley, el contrabando entra en escena. Con el contrabando el escenario se ve más adverso para los productores nacionales, pues el producto de contrabando al no pagar tarifa, tampoco IVA y se puede vender a un precio más bajo que el producto importado legal y el producido en Guatemala.

Recientemente el Ministerio de Economía (MINECO) aparece con una iniciativa para desgravar el arancel (llevar la tarifa a cero) y favorecer las importaciones al pollo y de esta manera permitir que sean los consumidores quienes finalmente decidan entre los diversos productos que debe utilizar.  Lo interesante ante este escenario es la falta de protesta por parte de los productores nacionales, (quienes en teoría se benefician de los aranceles a las importaciones) lo que nos lleva a preguntarnos si es realmente el espíritu de una competencia justa y romper con los monopolios o bien es el problema del contrabando y el acceso al arancel el que realmente mueve la falta de pronunciamiento. Ejemplificando como, al contrario de la creencia popular, los aranceles afectan de manera negativa al consumidor y al productor nacional.

Por lo tanto, se puede concluir que si bien los aranceles son tarifas que se establecen para regularizar y desincentivar el consumo de productos importados, en este caso afectan tanto al consumidor (al perder la variedad de productos) como al productor nacional, pues la existencia de un arancel hace que se opte por el contrabando como salida ante la insostenibilidad de un producto, por lo que el productor nacional se ve inmerso en una competencia desleal; afectando de manera directa sus ventas y su desempeño en el mercado. En fin para evitar todo tipo de escenarios adversos a la economía la mejor solución es eliminar los aranceles que tanto afectan al consumidor y al productor, abrir las puertas al libre comercio y a la competencia justa; sin ventajas ni privilegios para nadie.

Colaboración

María José Quezada Soler                                                                                               Estudiante Relaciones Internacionales                                                                           Universidad Francisco Marroquín

 

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

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