De una recesión a una depresión

(Prensa libre 29 de julio del 2002)

La operación fue un éxito. Lamentablemente, el paciente murió. La macroeconomía está bien.  Lamentablemente, la gente está peor.  Si acaso falta algo para matar la economía, se habla de subir los impuestos, las tasas de interés y de establecer nuevas burocracias con autoridad discrecional, que aumentarán la corrupción.

La cultura económica que sigue predominando en los círculos nacionales e internacionales (FMI y Banco Mundial)  no se ha despojado de los lastres conceptuales que consideran al Gobierno como el factor principal del desarrollo, manipulando la masa monetaria, las tasas de interés y de cambio, y desviando recursos de unas actividades a otras, mediante ocurrencias de fomento.

Quienes se educaron bajo el influjo de Keynes gustan de influir en la economía controlando la demanda, a través del medio circulante y de las tasas de interés. Si todos los precios están subiendo, consideran correctamente que el medio circulante es excesivo respecto a la oferta de bienes, y servicios, pero el Gobierno, en vez de recomendar que se eliminen los obstáculos que desincentivan la oferta de bienes y servicios  (la producción), disminuyen el medio circulante, para reducir la demanda. La macroeconomía, bien gracias;  el pueblo más pobre.

El equilibrio macroeconómico se puede lograr de dos formas: aumentando la oferta de bienes y servicios 8supply side economics (o reduciendo la masa monetaria (demand side economics). La primera solución es enriquecedora. La meta debe ser producir más y más eficientemente, pues en última instancia el problema que a todos preocupa es la pobreza, no se necesita ser sabio para saber que nuestras carencias se deben a que producimos poco. Es ahí donde debe ponerse la mayor atención.

La baja producción no es el resultado de siniestras fuerzas ocultas de  la naturaleza, sino de los múltiples obstáculos que, con una pretensión de conocimiento injustificado, se han establecido. 8ver, por ejemplo, el proyecto de ley “para la defensa de la competencia”… suena bien, ¿no?, o de las nuevas leyes propuestas, que sufrirán todos los que traten de producir cualquier cosa.  Y si para equilibrar la macroeconomía, encima se aumenta el costo del crédito (los interés y el costo de tener Gobierno (los impuestos), reduciremos aún más la producción. A medida que la producción disminuya, la situación tenderá a agravarse y nuevamente se recurrirá a medidas monetarias más restrictivas, disminuyendo más todavía la producción, hasta llegar al fondo del barril, como en Argentina. Esa es la manera de pasar de una recesión a una depresión.

Lo que en todas partes a resultado ser una medida contraindicada es el frecuente y brusco cambio de masa monetaria, cosa que agrega otro factor de incertidumbre. La cantidad en circulación debe mantenerse estable, no reduciría ni aumentaría frecuentemente, por motivos como “proteger” la tasa de cambio. Al fin y al cabo, y la economía –  y la tasa de cambio-  se ajusta a la cantidad de moneda en circulación, y poco se puede adivinar sobre las sorpresas subsiguientes en la economía real, cada vez que se la “ajuste”. Las tasas no deben ser manipuladas y distorsionadas por la Junta Monetaria, en la ingenua pretensión de saber más que el mercado.

Lo Importante es el bienestar de la población; el equilibrio macroeconómico no necesariamente lo refleja. Frecuentemente está plagado de errores y no incluye la vasta economía informal. Sin la interferencia del Gobierno, la economía siempre tendrá a estar – aunque nunca esté-  en equilibrio.

No se preocupen, por favor. Váyanse de vacaciones para que el paciente se recupere.

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

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