Sale caro la ignorancia económica

Son muchos los conceptos que aprendemos, los cuentos que oímos,  las experiencias que vivimos, los valores que nos transmiten nuestros padres, los mitos en los cuales creemos, etc.  Muchos de lo anterior es de gran utilidad, otros son inofensivos y algunos son muy dañinos, sobre todo cuando la ignorancia en temas de cómo funciona una sociedad de hombres y mujeres libres impide que florezcan las instituciones que garantizan el progreso económico y la paz social.

De los conceptos más importantes para lograr ese crecimiento económico y la paz social es la función o funciones que le damos a las autoridades políticas, cuál es el rol que deben desempeñar dentro de una sociedad de personas libres.

Fácil es imaginar que el gobierno es como un padre o como un rey que gobierna de forma benévola a su pueblo, le asigna funciones a cada ciudadano, guía sus pasos y lo lleva por el buen camino, les dice que es bueno para ellos y que no.  Muchas actividades de nuestra vida cotidiana nos llevan a entender que las actividades demandan un orden y que ese orden esta dado por una persona o grupo de personas que constantemente esta tomando decisiones. Vemos muy fácil que para que exista orden se necesita quien ordene.  Las empresas crecen bajo la dirección y liderazgo de un líder, las casas se construyen cuando un ingeniero o maestro de obras da ordenes a los trabajadores. Los procesos de aprendizaje están guiados por directores, decanos, profesores, etc.

No es tan fácil imaginar; ¿cómo funciona algo que  no es dirigido por una persona?, ¿cómo se crea algo que no tiene un líder visible?, ¿que órdenes seguir ante la ausencia de quién comande?  Estamos tan acostumbrados a asociar el orden con quien ordena, qué hacer y cómo se debe hacer, que la sola idea de pensar en un orden sin una persona que lo comande no nos  permite o nos dificulta comprender las bases de una sociedad libre.

Son muchos los conceptos, cuentos, experiencias, valores y mitos que hemos aprendido que nos aceran a pensar en que alguien nos debe dirigir, y esos conceptos los llevamos a la vida en sociedad y es ahí donde se vuelven dañinos para la vida pacífica dentro de una sociedad de hombres y mujeres libres, pues recordemos que dentro de más dirige las actividades de los ciudadanos el gobierno, menos libertad tienen los ciudadanos.  Para vivir en una sociedad próspera y pacífica debemos preguntarnos cómo se producen las cosas y cómo se coordina las actividades de miles de personas sin que un rey (gobierno) lo este dirigiendo todo.

Para empezar a comprender es importante que contestemos sinceramente preguntas como las siguientes: ¿Tiene usted algún derecho que no pude violar un político ni una mayoría electa democráticamente? Como por ejemplo el lugar donde usted quiere vivir o el de escoger libremente a su futura esposa o esposo, o el de elegir la religión que quiere profesar, o a que negocio o actividad se quiere dedicar. Cuales son esos derechos inherentes a todo ser humano que no dependan de los gobiernos de turno ni de las mayorías del congreso o alcaldes.

En una sociedad de hombre y mujeres libres, que sus derechos no pueden ser disminuidos por los políticos de turno, surge lo que se conoce como economía de mercado o economía libre.  Es importante dentro de lo que aprendemos se incluya comprender como se produce, distribuye y coordina los distintos bienes y servicios en una sociedad donde la función del gobierno es velar porque se respeten los derechos y los ciudadanos pueden hacer todo lo que no esta prohibido, según las posibilidades que cada uno tenga. Es obvio que los resultados y las oportunidades no serán iguales para todos pues dependerá del lugar donde nacen, la suerte, la valoración de sus talentos, la educación de sus padres, su salud y apariencia, etc.

Para que la sociedad sea libre y funcione una economía de mercado, los derechos de todos los hombres y mujeres que viven en el país deben ser iguales, pues nadie aceptaría un sistema en el que unos tienen mas derechos que otros. Se debe reconocer que algunos tendrán mejores habilidades que otros, serán más inteligentes o fuertes, es decir, las oportunidades y los resultados serán desiguales.  Si se pretende igualar oportunidades, necesariamente se desigualan derechos, para compensar.

Esa ignorancia sobre el funcionamiento de una sociedad libre, basada en el respeto a los derechos individuales nos lleva a creer que nada puede funcionar sin el rey que elegimos cada cuatro años.  Eso a pesar que vemos el ejemplo de cómo funciona el abasto de comida en la ciudad, el cual no hay rey ni director que esté dando órdenes de qué sembrar, cuánto sembrar, dónde sembrar y a quién vender.  Es el orden espontáneo del mercado que funciona sin un director general.

Esta laguna cultural, nos lleva a darle más poder a los políticos, que trae como consecuencia menos libertad y la falta de libertad se paga con pobreza.

Cristian Álvarez
Director
Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas, CADEP

AVISO IMPORTANTE: El análisis contenido en este artículo es obra exclusiva de su autor, las aseveraciones realizadas no son necesariamente compartidas ni son la postura oficial de la Universidad Francisco Marroquín.

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