Las carreteras

Al manejar en El Salvador inmediatamente te das cuenta que hay mejores carreteras que en Guatemala; tanto en tamaño, calidad de la construcción y señalización. Es importante la comparación con El Salvador porque es un país que tiene problemas de corrupción muy parecidos, un sistema político inestable y al igual que Guatemala grandes carencias de ingresos para sus ciudadanos y por ende para el gobierno.  Y con los mismos lastres ha logrado hacer mejores carreteras, lo que demuestra que tenemos un problema adicional en nuestros procesos de construcción y reparación.

Viajar por Guatemala en automóvil te permite ver el fracaso estrepitoso de los gobiernos.  Las principales carreteras que comunican las ciudades más importantes del país y que nos conectan con los países vecinos, están en muy mal estado o se está destruyendo, y en ambos casos la reacción del gobierno es muy lenta.   La principal inversión en carreteras del gobierno anterior resulto ser un verdadero saqueo, conocido como el caso  Odebrech.  Y este gobierno le ha apostado a que el Ejército Nacional se haga cargo del tema, lo que demuestra que ya no le tienen confianza al Ministerio encargado del tema.

También vemos en las principales rutas entre ciudades internas un tráfico  creciente y cada año nuevos cuellos de botella vehiculares. Lo que demuestra es que el parque vehicular crece más rápido que la inversión en carreteras, lo podemos ver como un claro ejemplo que el gobierno no ha logrado satisfacer las necesidades de los automovilistas.  Si tienes años de viajar por Guatemala te podrás dar cuenta como la ruta que va de Cuilapa a Jutiapa sigue siendo la misma, la que comunica del Rancho a Cobán lo único nuevo que tiene son túmulos.  La movilidad en el país se ha reducido drásticamente, no solo dentro de las ciudades sino en las carreteras  que comunican entre ciudades.

Una actividad que parece muy sencilla, pero el gobierno es y ha sido incapaz de mantener las carreteras señalizadas y con las carrileras pintadas. Hacen túmulos en cualquier parte y no los pintas con colores fosforescentes y menos colocan una señalización adecuada.

Las carreteras secundarias, es decir, que van a cabeceras municipales menos pobladas son otro desastre.  Falta de bacheo, túmulos y mala señalización es la constante.

Para llegar a este punto no solo ha sido culpa del ejecutivo; hemos tenido injerencia del Congreso con  complicidad de constructores y también de las entidades financieras internacionales, es decir, al sistema lo han logrado cooptar; políticos, burócratas nacionales e internacionales y constructores privados.

Las vías de comunicación terrestres son un pilar para el desarrollo económico y social, pues facilitan la movilización de bienes y servicios y el acceso a las comunidades, lo que hace que quienes viven en estas comunidades se integren al sistema social teniendo acceso a los servicios municipales y estatales, que regularmente se concentran en los centros urbanos, también da acceso al intercambio cultural.

El desarrollo de Guatemala demanda más y mejores carreteras, pero el sistema actual es incapaz de hacerlo.   Hay que replantear la ley de compras y contrataciones del Estado, la forma como se hacen los estudios de pre factibilidad, la posibilidad de abrir y facilitar la opción de participar en la  construcción a empresas de Centro América y México, definir las entidades responsables del mantenimiento y construcción así como estandarizar los tipos de carretera, los requisitos mínimos y lo que debe durar una carretera.

No se puede seguir asignando más fondos al Ministerio de Comunicación si no hay una reforma en sus procesos.

Cristian Álvarez
Director
Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas, CADEP

¡No le tienes que vender al gobierno!

En Guatemala, la economía informal supera el 50 por ciento, y el gasto del gobierno no llega al 12 por ciento de PIB (Producto Interno Bruto).  Esto demuestra que si tú vendes un producto, tu mayor potencial de ventas está fuera del presupuesto del Estado; es decir, las ventas  potencial para los empresarios son 20 veces más grande fuera del gobierno.

Tomando como ejemplo el Ministerio de Salud; este tiene aproximadamente 5 mil millones de quetzales de los 70 mil millones que es el presupuesto (una catorceava parte del presupuesto). En primera instancia, debemos considerar que el presupuesto nacional es menos del 12 % de la producción nacional; por lo que, por una pastilla que compra el gobierno más de 50 se pueden vender fuera del ámbito estatal.  Claramente, tener un cliente que te compre Q 100 millones al año es más apetecible que tener 1,000 clientes que te compren Q 100,000 cada uno. Sin embargo, ver al Estado como tu cliente principal, es una de las principales causas que corrompe tanto a empresarios como a políticos y burócratas.

Las cifras anteriores nos demuestran que la oportunidad para crecer no está en el Estado, sino, en el mercado, pero para eso hay que competir.  Para competir en el mercado se requiere tener: buenos precios, buen servicio al cliente,  canales de distribución eficientes, inversión en la marca, publicidad, estar pendiente de lo que los clientes demanden, y sobre todo, saber hacerlo mejor que la competencia.  No cabe duda que la competencia les genera miedo a los empresarios, pero no olvidemos que genera buenos resultados a los consumidores.  Son los consumidores a quienes les tiene que dar miedo la falta de competencia, pues su mejor arma es irse con la competencia. Es decir, es el consumidor quien castiga al empresario al irse con otro proveedor.

A diferencia del mercado económico, la competencia en el mercado político implica una lucha por ganar un espacio en el presupuesto del Estado. Para ello, regularmente se invierte en hacer lobby con funcionarios del Estado, o a través de colaboraciones durante las campañas políticas. No se debe olvidar que en el mercado político, tu cliente principal es el político; ya sea el ministro, el diputado o el presidente; por lo que tu lealtad esta con ellos.  Además, cualquier persona que quiera ingresar en el mercado político tiene que estar consiente que todo el esfuerzo de ventas tiene que estar destinado a garantizar o aumentar las probabilidades que escojan tu producto. Y que no se olvide que son los funcionarios públicos quienes deciden qué comprar, y a quién. Por lo que las reglas del juego te obligan a quedar bien con un político, o burócrata; muy distinto  al mercado económico, en donde tu principal meta es lograr la satisfacción del cliente, y así retenerlo.

Actualmente, uno de los mecanismos de defensa de la democracia, es visibilizar las inversiones de financistas de campaña, para frenar la cooptación del Estado; con el fin de evitar que el proceso de compras del Estado sea abiertamente una competencia por quedar bien con los políticos de turno.  Por lo que es sano para el proceso político saber quién le da dinero a quien. Esto ayuda a la sociedad organizada, fiscalizar y estar pendiente de quién le debe qué favor a quien. Por supuesto, este no es un modelo perfecto, pero la evidencia señala que a mayor control sobre pago de favores, mejor funcionamiento tendrán los gobiernos.

Sobre el financiamiento electoral, el artículo 407 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, indica que los fondos deben ir al partido y no a los candidatos, y se establece que las donaciones anónimas son delitos.  Muchos de estos controles buscan evitar el pago de favores futuros, ya que no solo terminan dañando el presupuesto del Estado, sino que capturando al mismo.  Y sobre todo, está ley busca transparentar los procesos para evitar el financiamiento de estructuras criminales, encabezadas por: secuestradores, la red de trata de personas, narcotráfico, etc.   Al final, la ley nos sirve de protección de aquellos grupos criminales, quienes buscas capturar el Estado y aquellos pseudo empresarios, quienes buscan cooptar el Estado al eliminar la competencia a través de privilegios.

No cabe duda que Guatemala necesita de nuevos liderazgos políticos, y sobre todo de empresarios que se involucren en política respetando el principio de igualdad ante la ley.  Involucrarse no debe verse como algo necesariamente malo, lo que nos tenemos que preguntar es: ¿Con qué fin nos involucramos en política? Al final, después de todas las capturas que ha dejado el 2016, espero que surjan nuevos liderazgos empresariales, que: estén en contra de los privilegios, que se alejen de las tentaciones de entrar en el mercado político, y sobre todo, que tengan la visión de que cuando el país crece, a todos nos va mejor, y ese crecimiento económico solo se logra en ausencia de privilegios, y bajo un sistema de justicia independiente que garantice la vida y la propiedad.

También, espero ver una nueva generación de políticos, más profesionales y probos, guiados por una ciudadanía que comprende cada vez mejor la importancia que el Estado no es un negocio, y que su función principal es velar por el cumplimiento de la ley.

Cristian Álvarez
Director
Centro Para el Análisis de las Decisiones Públicas – CADEP