Que peligrosos son los sabelotodo

Si algo nos caracteriza a los economistas austríacos, no por ser humildes, es reconocer que el mercado sabe más que una persona, que por mucho que estudies no puedes superar la suma de conocimientos que están inmersos en la actividad económica y social.

Los sabelotodo de la Energía
Por Lawrence W. Reed

Desde pequeño me enseñaron que la sabiduría empieza en el momento en que comprendemos que no importa cuanto creemos saber y conocer, siempre existirá una cantidad infinita de información que no poseeremos.

Ésta enseñanza ha tenido dos grandes efectos en mi vida, uno de ellos ha sido el despertar la curiosidad y el deseo de querer aprender más cada día; así también ha convertido la humildad en un hábito. He llegado a descubrir que todo el conocimiento que he adquirido a lo largo de mi vida, sobre todo a lo que al futuro se refiere, no llega a ser más grande que una hoja de grama en una cancha de futbol.

Sin embargo, estamos rodeados de personas que dicen saber más de lo que sospecho saben en realidad. Lo más inquietante resulta ser que todos estos sabelotodo desean hacer uso de la fuerza del gobierno para imponer sus deseos y esquemas sobre el resto de individuos. En los Estados Unidos, Washington resulta ser el Estado conformado en su gran mayoría por personas ansiosas de planear cada aspecto de nuestras vidas, sin importar la capacidad que poseen para administrar las propias.

frase para 28 de sesptLa energía es un tema puntual a lo que se comentaba con anterioridad. Hoy en día ha surgido una religión en contra de los combustibles fósiles ocasionando así posturas y comentarios a favor de lo que conocemos como las opciones “verdes” o ambientalistas. Los sumos sacerdotes de ésta nueva religión dicen que nos estamos quedando sin petróleo y que debemos de considerar la energía eólica, solar y de algas para hacer frente a la futura escasez; (el problema está en que dichos sustitutos deben de implementarse por medio de subsidios, impuestos y obligaciones), ya que ésta es la única forma de combatir lo que ellos consideran un problema.

En el siglo XIX las personas en América utilizaban aceite de ballena como combustible para la iluminación. Al momento en que la demanda del aceite aumentaba así también lo hacían los precios ya que el suministro de ballenas disminuyó (éstas eran propiedad común y no privada, por lo que todos tenían incentivos para hacer uso de ellas y nadie una razón para conservarlas). En 1850 ningún burócrata pudo predecir que 25 años después cambiaríamos el aceite de ballena por el queroseno, el cual se deriva del petróleo crudo y es producido por una nueva industria. La oferta y demanda, los precios como señales en un libre mercado y los empresarios tomando cualquier tipo de riesgos, todo esto funcionando de la mejor manera, permitió la transición del uso de aceite de ballena a queroseno.

Este último ejemplo demuestra lo que sucede cuando las personas poseen libertad económica. Los chips de ordenador, satélites y el láser sustituyeron los cables, transistores y los tubos de vacío. Los automóviles remplazaron las montañas cubiertas de estiércol de caballo por las calles de nuestras ciudades. ¿Se acabarán los árboles antes de que surja en alguien la idea de sembrar más, sin la necesidad de un edicto por parte del gobierno? ¿Qué es lo que hace creer a todos que los reguladores y controladores saben más acerca del futuro, que aquellos que generan riqueza, las personas que deben resolver problemas o que deben de exponerse a los riesgos del mercado?

Probablemente la energía solar, eólica, de algas o algún otro sustituto de energía no descubierto aún, podría resultar superior a los combustibles fósiles, pero como saberlo si no permitimos que todas las opciones compitan libremente. Yo no encuentro razón alguna para sustituir el juicio del mercado por el de funcionarios del Gobierno, a menudo hambrientos de poder y con intereses particulares.

¿Por qué es tan importante la libertad?

La libertad es preciada para nuestra vida, es rara pues muchas veces la encontramos limitada, no garantizada porque tiene muchos enemigos, y siempre esta amenazada por quienes quieren imponer su visión de vida sobre el resto. No olvides que se puede perder en una sola generación si no se avanza, y la defendemos. Venezuela es un ejemplo cercano.

La Libertad es parte de la naturaleza humana: somos individuos únicos, con gustos y deseos propios, no somos una copia de algo o alguien, no somos una parte de un ejército de robots que pueden ser programados por quien ostenta el poder.

Para ser plenamente humanos, todos debemos tener la libertad de tomar nuestras propias decisiones y gobernar nuestras vidas según nuestras creencias y metas, siempre y cuando permitimos lo mismo para los demás. La libertad de los otros es parte de mi libertad. El sabio refrán dice, tu derecho termina donde empieza el mío.

La Libertad funciona. A lo largo de la historia se demuestra una y otra vez que donde hay libertad siempre florece la cooperación interpersonal, hay innovación y creación de riqueza que permite a los seres humanos vivir una vida más digna. Sin libertad no hay vida plena ni florece lo mejor de cada ser humano.

La libertad es la única forma de organización social, política y económica que requiere que vivamos con altos estándares de conducta ética, y nos recompensa cuando lo hacemos. Nuestro principal activo en una sociedad libre es nuestro prestigio. Esta es la diferencia fundamental entre una sociedad que respeta la libertad, y una sociedad que abraza los lazos paternalistas como alternativa a la toma de decisiones por cada individuo. En las sociedades paternalistas, no surgen altos estándares éticos de conducta. No hay premio por ser un ciudadano de bien, se le da lo mismo al que es excelente en su actuar, que, a quien es mediocre en su caminar.

La vida sin libertad es impensable. ¿Quién quiere vivir atado a la correa de otro?, ¿quién quiere vivir temiendo que a cada paso, aquellos armados con la fuerza y poder, podrían atentar contra su vida y pertenencias, aunque lo hagan con buenas intenciones?

Queremos vivir cada día en una Guatemala más libre, y en nuestro esfuerzo por difundir las ideas de la libertar no esperamos, incluso si fuera posible, que quienes asisten a nuestros eventos estén de acuerdo con todo lo que ven o escuchan de CADEP. Tenemos nuestras propias creencias, por supuesto, pero en un grado considerable somos un foro para diferentes puntos de vista entre quienes en general comparten una afinidad por la libertad.

Sabemos que tenemos que mejorar todo el tiempo, así que estamos inmersos en un constante programa de mejora. Experimentamos he innovamos. Los temas del seminario, la tecnología, y el contenido cambian y mejoran. Ampliamos y crecemos lo que funciona y lo que no lo dejamos caer. Lo hacemos todo para generar un “primer encuentro” para los jóvenes en el cual conozcan los principios económicos, éticos y legales de una sociedad libre, y de ahí se sumen a las distintas actividades del Centro y de la UFM.
Vale la pena luchar por la libertad. Nos da una sociedad más humana, con más riquezas pero sobre todo con estándares éticos mas altos.

Cristian Álvarez
Esta líneas son inspiradas por un mensaje del presidente de FEE Lawrence Reed

¿Tienen las personas acaudaladas la obligación de devolver algo a la sociedad?

En Norteamérica hay mucha culpabilidad infundada, dentro de una sociedad que ha alimentado, vestido, alojado, cuidado, informado, entretenido y enriquecido de muchas formas enriquecido a otros, más que en ningún otro lugar del mundo.

Las manifestaciones de tal sentido de culpabilidad abundan. El ejemplo que más me irrita es el de aquellos filántropos bienintencionados que adornan su caridad con esta frase: “Quiero regresar algo”. Suena como si estuvieran pidiendo disculpas por haber tenido éxito.

Traducida dicha frase, significa algo como esto: “He acumulado cierta riqueza a lo largo de los años. Olvídense de cómo lo logré; simplemente me siento culpable por haberlo hecho. Hay algo de malo en que yo tenga más que otros, pero no me pregunten por qué está mal. Es una vaga e incómoda sensación de inquietud en mí. Como tengo algo, me siento obligado a tener menos. Me hace sentir bien regalar lo que tengo, porque hacerlo me exonera del pecado de tener. Ahora soy un tipo bueno. ¿O no?”.

Fue evidente para mí lo profundamente arraigado que está esa forma de pensar, cuando hace un par de años visité la tumba de John D. Rockefeller, en el cementerio de Lakeview, Cleveland. Las palabras grabadas en una placa conmemorativa de aquel notable empresario daban a entender que haber donado gran parte de su fortuna era tan digno como haber creado esa gran empresa internacional, Standard Oil, que, para comenzar, fue la que produjo esa gran fortuna. Los libros de historia en los que la mayoría de los niños aprenden hoy en día van un paso más allá. Critican rutinariamente a gente como Rockefeller por la riqueza que crean y por el afán de lucro o interés personal que jugó un papel importante en la creación de dicha riqueza, y luego los alaban por deshacerse del dinero.

Más de una vez, los filántropos que han contribuido a mi organización suelen explicarme que buscaban “regresar algo”. Querían decir que, al darnos a nosotros, estaban pagando parte de lo que le deben a la sociedad. Resulta que, con pocas excepciones, estos filántropos realmente no habían hecho nada malo.

Sin lugar a dudas, hicieron mucho en sus vidas, pero no robaron. Asumieron riesgos que no estaban obligados a asumir. Invirtieron fondos propios, o prestados, y los devolvieron con intereses. Crearon empleos, pagaron salarios de mercado a los trabajadores y, por lo tanto, generaron un medio de subsistencia para miles de familias. Inventaron cosas que no existían antes; algunos de estos inventos salvaron vidas y nos hicieron más saludables. Fabricaron productos y proveyeron servicios, por los cuales pidieron y recibieron precios de mercado.

Tuvieron clientes entusiastas y ansiosos, que volvieron una y otra vez; accionistas a quienes tenían que ofrecer retornos favorables. También tuvieron competidores, lo que los obligaba a permanecer en la cima o perdían terreno frente a ellos. No hicieron uso de la fuerza para llegar a donde llegaron; se apoyaron en el intercambio libre y voluntario. Pagaron la totalidad de sus cuentas y deudas. Y cada año donaron parte de sus beneficios a distintas obras de caridad de la comunidad, que ninguna ley les exigió apoyar. Ni uno solo de ellos, que yo sepa, estuvo preso por nada.

Así que ¿cómo es que cualquiera puede dar tanto y aún sentirse culpable? Sospecho que, si realmente fuesen culpables de algo, sería de dejarse intimidar por los perdedores y envidiosos del mundo, por las personas que están en el negocio de “redistribuir”, ya sea porque no saben cómo crear algo, o porque simplemente eligen el camino más fácil. Ellos solo toman lo que quieren o contratan políticos para que lo tomen por ellos.

Igual que algunos miembros del clero, que piensan que la riqueza no se hace, sino simplemente “se recoge”, los redistribuidores ponen un velo de culpabilidad en la gente hasta que “vomitan” su lucro, a pesar del décimo mandamiento en contra de la codicia. Ciertamente, las personas de fe tienen la obligación de apoyar a su iglesia, mezquita o sinagoga, pero esa es otra cuestión, ajena a este asunto.

Una persona que incumple un contrato debe algo, pero se lo debe específicamente a su contraparte. Al robar la propiedad de otra persona, se le debe a la persona a quien se le ha robado, no a la sociedad. Estas obligaciones son reales y derivan de un acuerdo voluntario, en el primer caso, o de un acto inmoral de robo, en el segundo. Esto de tener que “devolver algo”, simplemente porque te lo has ganado, equivale a la fabricación de obligaciones místicas inexistentes. Le da vuelta a todo el concepto de lo que correctamente hemos considerado “deuda”. “Devolver algo” significa, en primer lugar, que no era de quien lo devuelve, pero la creación de riqueza a través de la iniciativa privada y el intercambio voluntario no implican la expropiación de la propiedad que legítimamente le pertenece a alguien.

¿Cómo puede ser posible de otra manera? ¿De acuerdo con qué medida racional, una persona de éxito en un mercado libre, que ha cumplido con todas sus deudas y obligaciones en el sentido tradicional, debe algo más allá a una entidad nebulosa llamada “sociedad”? Si el emprendedor X gana mil millones de dólares y el emprendedor Y gana dos mil millones, ¿tendría sentido decir que Y debe “devolver” el doble que X? Y si es así, ¿quién debe decidir a quién se lo debe? Es evidente que la noción de “devolver algo”, solo porque uno tiene, está construido sobre una arena intelectual movediza.

Las personas exitosas que crean riqueza a través del intercambio libre y pacífico pueden optar por donar parte de ella, pero serían no menos morales y estarían no menos libres de deudas si no donaran nada. Al sugerir que la caridad es equivalente al pago de una deuda, o que debería estar motivado por algún grado de culpabilidad o de autoflagelación, se abarata el poderoso impulso de ser caritativo.

Una lista parcial de aquellos que sinceramente tienen la obligación de dar algo a cambio incluiría. ladrones de bancos, estafadores, morosos y políticos que “aceptan mordidas”. Ellos tienen una buena razón para sentirse culpables, porque lo son.

Pero si usted es ejemplo de una sociedad libre y empresarial, alguien que ha ganado y conservado lo que tiene y no ha hecho nada para dañar la vida, la propiedad o los derechos de otros, estamos hablando de una clase de gente distinta. Cuando uno da, debe hacerlo por la satisfacción personal que se deriva de apoyar una buena causa, no porque sea necesario para tranquilizar una conciencia culpable.

Lawrence W. Reed

Presidente

Fundación para la Educación Económica

Traducción realizada por

Annelisse Escobar, Estudiante de EPRI

Lic. Cristian Álvarez, Director de CADEP

Departamento de Desarrollo

Universidad Francisco Marroquín

Lawrence W. Reed

El actual Presidente de  la Fundación para Educación Económica, FEE, Lawrecen W. Reed nos ha dado permiso de traducir sus artículos a español, lo cual agradecemos enormemente, y estaremos publicando sus artículos en el Blog del Centro de Análisis de las Decisiones Públicas de la Universidad Francisco Marroquín.   Para esto contaremos con la ayuda de distintos alumnos de la universidad que colaboran en el centro así como los directores del CADEP.

IMG_8431

Lawrence cuenta con dos doctorados uno en Administración Pública por la Universidad Central de Michigan y otro en Derecho por la Universidad Northwood. Es sin duda un campeón de la libertad, autor de docenas de artículos en muchas revistas y periódicos, así como autor y coautor de cinco libros.  Constantemente es entrevistado en programas radiales y de Televisión.

Ha participado como conferencista por lo menos en 75 eventos al año durante los últimos treinta años, virtualmente ha dado conferencias en todos los Estados de la Unión Americana y en docenas de países desde China hasta Bolivia.

Estimado lector, si no le gusta leer en inglés, le invito a que este pendiente de estas traducciones, le aseguro que encontrará muchos conceptos fascinantes y sobre todo explicados de una forma amena y sencilla, pero al mismo tiempo cargada de contenido.

Espero que disfrutemos de sus artículos en español.

 

Cristian Álvarez

Director

Centro para el Análisis de las Decisiones Públicas